Teniendo en cuenta que la lengua de señas es considerada como un idioma, con su propia gramática, estructura y pensamiento, debe ser entendida como una forma natural de expresión, propia de la comunidad sorda, entendiéndose entonces como una lengua que presenta un orden gramatical signado más no necesariamente relacionado con la estructura del español, el cual está en intrínseca relación con la cultura que se desarrolla al interior de la misma comunidad.

